Buñuelos de banana

Gracias a Susana que se copó con mandar una receta de su abuela Paula.

La receta de los buñuelos de acelga, que hace mención el post,  será publicada en breve, aunque Susana nos envía un dato interesante sobre el agregado de vinagre a la hora de comerlos!

Receta:

Los buñuelos de la mi abuela paterna Paula creo que no difieren del común, ella “a ojo” mezclaba huevos (que yo recogía del gallinero), harina, azúcar y leche, y hacía una masa  como de panqueque quizás un poquito mas sostenida y cortaba rodajas de banana (cuando no había se hacían con manzanas).

En una cuchara ponía masa y una rodaja de banana y con otra cuchara más pequeña deslizaba el bueñuelo al aceite hirviendo.
Eran del tamaño de un bocado y se espolvoreaba con azúcar común. Como te imaginaras yo estaba interesada en el resultado final y no en las proporciones, lamentablemente mi mamá no sabe como los hacía.

Te cuento que una vez hechas la torrejas de Acelga ella ponía en la mesa una vinagrera con vinagre de alcohol y te decía que para que no nos hicieran mal las torrejas fritas había que rociarlas con un poquito de vinagre.

Susana

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Torta para el mate

Una de la primeras recetas de mi abuela que pude poner en práctica fue una torta que ella llamaba “14, 14, 14″, en relación a las cantidades de sus ingredientes.  También conocí los secretos básicos de la pastelería, que Osvaldo Gross me perdone, al entender que el buen resultado de cualquier bizcochuelo, dependía del batido de la manteca, siempre blanda, con el azúcar y de no abrir el horno hasta pasado 20 minutos de poner la preparación.

El primer paso antes de comenzar es prender el horno y enmantecar y enharinar el molde (mi abuela en vez de harina usaba pan rallado y en vez de manteca aceite).

De batidora !Ni hablar! cuchara de madera y a darle a la manteca que casi siempre olvidaba de sacar de la heladera, y complicaba muchísimo este paso. De ahí es que fueron innumerables la cantidad de tortas “apelmasadas” que terminaban convirtiéndose en Bay biscuit.

Una vez obtenida una pasta cremosa se incorpora la esencia de vainilla, cáscara de naranja o limón y los huevos. Seguir batiendo . Por último se intercalan la harina leudante y la leche.

Cocinar en horno medio hasta que pinchándola con un cuchillo éste salga limpio.

Paso a explicar porqué “14,14,14″

Ingredientes:

*150 grs. de manteca.

*14 cucharadas de azúcar

*3 huevos

*14 cucharadas de leche

*14 cucharadas de harina

*vainillin o cáscaras de limón o naranja.

Las proporciones para hacer una torta más grande es 21,21,21.

Opción Bay Biscuit:

si la torta falla cortar bastones y colocarlos nuevamente en el horno hasta que estén doraditos.

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Bifes a la criolla

Después de varios años, volvimos a juntarnos todos, tíos, nietos, primos, hermanos y cuñados. Parecíamos la canción de León Gieco.

Aprovechando la existencia de los fines de semana largos, volvimos a viajar a Catriló, esta vez en auto. Si bien pasaron 30 años, el viaje fue largo y tedioso por culpa del tráfico y el auto a gas de mi hermano, si contar a los niños (mis sobrinos) que no pararon de empujar y pegarse. Así y todo el entusiasmo también nos acompaño.

Como eramos muchos – nunca hubo menos de 20 platos en la mesa- y no entrabamos en ninguna casa, mis primos alquilaron el salón del Prado Español, donde pasamos 4 días maravillosos. El almuerzo y la cena se iban intercalando entre truco, chincón, mate y pastelitos.

Mientras nos poníamos al día con nuestras vidas, recordamos aquellos momentos de nuestra infancia con risa y asombro e  intercambiamos historias de las que algunos se habían olvidado.

El menú fue variado y todos colaboramos, desde pensar qué comer, poner la mesa, preparar la comida. Una noche eramos tantos que hubo que hacer fila, plato en mano, en la puerta de la cocina , para poder servirse.

Receta de bifes a la criolla:

Ingredientes:
*Papas

*Ají

*Cebollas

*Carne (bifes, o milanesas cortadas gruesitas)

*Tomates en lata

*Vino blanco (bien berreta)

*Sal, pimienta, ají molido y lo que te guste

En una cacerola con aceite poner la carne, previamente salada, a sellar de un lado y del otro.

Agregar las cebollas , el ají y por último las papas cortadas en rodajas finas, formando como capas con cada ingrediente. Entre uno y otro condimentar con sal y pimienta

Incorporar los tomates , el vino y el resto de los condimentos.

Tapar la cacerola y cocinar a fuego medio durante… bueno,  hasta que se cocinen las papas.

Ojo! si el fuego está muy fuerte o la cacerola es enlozada, se puede quemar la carne.

Variante con huevos (ver foto).

Ahí va el paso a paso:


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Bombas de dulce de leche

Acá va una receta enviada por Carla hace un tiempo, no lo dice pero de qué abuela la habrán copiado?

Durante las madrugadas de mi adolescencia, mi amiga Martita y yo, nos levantabamos a cocinar en las noches de insomnio. Cualquiera imaginaría que nos preparabamos unos panchos, algun sandwich…o algo por estilo. No. Se nos daba por hacer ‘bombitas’. Una bandeja se rellenaba, la otra no llegaba porque la comiamos antes.
Para que tengan una idea de lo sencillo que es hacerlas, imaginen dos adolescentes, a la madrugada…muertas de hambre (y de embole…claro esta!) y  sin mucho para elegir de la heladera.

Los ingredientes son:

*75 gr de manteca

*250 cc de agua

* 150 gr de harina

* 4 huevos y una pizca de sal.

Poner sobre el fuego un jarrito con el agua, la manteca y la sal. Calentar hasta que comience a hervir y agregar la harina tamizada (siempre y cuando no sean las 3 de la mañana). Revolver. Cocinar hasta que se forme una pasta que se desprenda del recipiente (mas o menos de 4 a 5 minutos con fuego suave). Retirar del fuego y seguir batiendo hasta que se enfrie. Agregar de a uno los huevos batiendo enérgicamente para que la masa quede lisa y unida antes de agregar el otro huevo. Con manga o cucharas armar las bombas y poner al horno (caliente) de 15 a 18 minutos. Después de unas ricas bombitas rellenas con dulce de leche….no hay hormonas o insomnio que impidan un placido sueño!

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Fariña: una especie de polenta frita

El último fin de semana largo volvimos a Catriló. Esta vez el viaje fue interminable pero no por viajar en tren o en el Ami 8, la culpa la tuvo el tráfico y el auto a gas de mi hermano.

Viajamos varios y fuimos más a la hora de comer, una noche contamos 30 platos con sus respectivos cubiertos y vasos, que varios fueron poniendo en la mesa, mientras algunos preparaban la cena y otros jugaban al truco. Como eramos tantos no entrabamos en ninguna casa, por eso mis primos alquilaron el salón del antiguo Prado Español, donde pasamos la mayor parte del día jugando a las cartas, poniéndonos al día con nuestras vidas, comiendo y por sobre todo, riéndonos.

Una de las actividades más cultivadas en Catriló es la de reirse.

Eramos muchos, pero si hay alguien que ocupa un lugar especial en nuestras vidas es la Tía Dioni. Hace unos días cumplió 88 años, pero todavía conserva toda la vitalidad y la buena onda de cuando tenía 20. Como mi abuela vivía lejos, la tía Dioni era para nosotros la “Abuela postiza”; era la que nos llevaba al Ital Park, al circo de Carlitos Balá, al de  Marrone y hasta una vez nos llevó a ver el circo Thiani, algo parecido pero del primer mundo.

Un par de veces lo llevó a mi hermano Julio  de vacaciones a Catriló a pesar de hacerla renegar mucho. Pasaron los años y le tocó llevar a mi hija Magdalena, con apenas 5 años, unos día en las vacaciones de invierno. Ella la invitó, y contra todos los pronósticos de sus padres, la nena se fue saludando con su manito desde la ventanilla del Chevalier.

Así, la tía repitió la historia con su “sobrina bisnieta”.

Recuerdo que una vez fui a comer a su casa y me sorprendió con el menú que incluía Huevos fritos cuadrados, había comprado, quién sabe dónde, un molde (cuadrado) con una manijita, que se ponía en la sarten y adentro se volcaba el huevo y se freía.

Le encanta contar historias de cuándo era chica y vivía en el campo. Otra cosa que admiro de ella es que con apenas 17 o 18 años, dejó la casa de sus padres, y decidió que quería hacer su vida en Buenos Aires. En aquellos tiempos no era muy común, y tal vez no estaría bien visto, que una chica dejara su casa, sin casarse y se fuera a la ciudad. Así era y así es:  alegre, abierta, con mucha iniciativa y muy querible.  Con un pie en Floresta, el barrio en el que vive y otro en La Pampa.

Su papá, José, trabajaba como capataz de estancia y su mamá, Victoria, era la encargada de alimentar a toda la peonada, entre 20 y 25 personas, todos los días. Cuenta que se levantaban alrededor de las 5 de la mañana, desayunaban mate cosido o café con leche y  galleta, y luego a media mañana volvían a comer los corderos que la abuela Victoria había cocinado al asador, adobados con salmuera. Ella sola los preparaba y los servía, cortándolos en pedazos que  apoyaban en el pan o galleta y cortaban con el cuchillo, así nomás,  sin platos.

Esto regado con una buena cantidad de vino en bota.

Una vez terminado el almuerzo, venía el café, que iba pasando de mano en mano - el chupe y pase- para terminar con unas copitas de  ginebra o de anís.

Así con la panza más que llena, volvían a trabajar. La hacienda que había sido clasificada durante la mañana, era llevada para rematar.

Una de las recetas de la abuela Victoria era la Fariña, que se servía para acompañar el puchero.

Receta de Fariña

Ingredientes:

*Harina gruesa de mandioca

*Ajos 2 dientes

*Cebollas 2

*Caldo de puchero

*Aceite

Rehogar las cebollas y los ajos picados. Reservar.

En una cacerola colocar la harina de mandioca junto con las cebollas y los ajos, agregar el caldo, revolviendo, hasta que se forme una pasta más bien dura.

Volcar sobre una sarten con aceite, formando una tortilla. Cocinar hasta que la preparación se separe de la sarten y dar vuelta para freír del otro lado, debe quedar dorada y crujiente.

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Tarta pascualina

Se vienen las Pascuas y en la casa de mis abuelos, como en la de casi todos, no se comía carne, por eso aquí va una receta enviada por Vivi:

Nos cuenta Vivi:

Mis abuelos se conocían del barrio y se casaron muy jóvenes. Decía mi abuela que por entonces no sabía cocinar. Difícil de creer pero lógico ya que de soltera vivía con su madre y sus abuelos maternos quienes establecieron una suerte de sistema de postas en la cocina familiar.

Tras el casorio, y casi a modo de luna de miel, sobrevino el traslado de mi abuelo a la ciudad de Santa Fe donde establecieron su hogar y nacieron sus cuatro hijas.

A poco de instalarse, una tarde mi abuelo volvió del trabajo y encontró a mi abuela llorando desconsoladamente. Era que extrañaba la pascualina que preparaba su madre. La consoló como pudo y luego improvisó una cena.

Al día siguiente, mi abuelo pasó por una panadería y volvió a su casa con una tarta pascualina envuelta, con moño y todo. Pero mi abuela prorrumpió nuevamente en llanto: ¡cómo iba a hacer para comer una pascualina redonda!

Con el tiempo, mi abuela tuvo que aprender el arte culinario. Lo cierto es que del horno de mis abuelos jamás salió una pascualina que no fuera rectangular. Es el día de hoy que sus hijas siguen preparándola de ese modo.

La masa es casera

Se prepara con harina, sal, aceite de oliva y un poco de agua. Las cantidades se calculan en función de la cantidad de relleno que se obtenga. No lleva huevo. Se estira hasta que sea bien finita y, al armar la tarta, se vuelcan los excedentes de los laterales sobre el centro de la preparación. A la salida del horno, se ven como hojas encimadas doradas y crujientes. El piso y los laterales, en cambio, traslucen el relleno de acelga –jamás de espinaca-.

Para el relleno

Mi abuela primero picaba las pencas de la acelga previamente cocida y exprimida (para quitar los excedentes de agua). Luego hacía lo propio con las hojas. Mezclaba todo con cebolla rehogada en aceite de oliva, sal, pimienta, queso rallado a mano y un chorro de oliva.

Nunca nada más sencillo y delicioso que la pascualina que hacía mi abuela. Aún cuando, a diferencia de lo que ocurre en rotiserías, panaderías y restaurantes, ella no le ponía al relleno ni salsa blanca, ni jamón, ni aceitunas, ni morrón. Acelga, cebolla, sal, pimienta, queso rallado y aceite de oliva. Prueben.

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Noches de verano

Jugabamos todo el día, volvíamos sucios y cansados pero felices; digo “volvíamos ” porque la jornada era un incesante ir y venir de una punta a la otra del pueblo buscando amigos.

De ahí derecho al baño. Era la década del 70 y los pantalones blancos “pata de elefante” y la camisola de bambula turquesa se imponían; y así, de punta en blanco, limpitos y peinados debíamos permanecer hasta la hora de la cena. Era el momento más aburrido de las vacaciones, salvo cuando nos dejaban ir a tomar un helado y dar la vuelta al perro en la plaza. En la radio sonaba “Eva María” interpretado por Fórmula V, desafío a los memoriosos a nombrar otra canción del mismo conjunto.

La consigan era volver antes que se hiciera de noche, cosa que casi nunca podíamos cumplir a pesar de saber que no seríamos muy bien recibidos por desobedecer una orden. Caminabamos las pocas pero largas cuadras que separaban la plaza de la casa de mis abuelos, saludando siempre a quien se cruzara por nuestro camino. Este era otro detalle que me llamaba la atención: había que saludar a todo el mundo, aunque no lo conocieras.

Otra vez nos tocaba volver, ahora para cenar. Mientras mi abuela y sus colaboradoras (madres o tías) preparaban la cena, los hombres tomaban “la Gancia” y jugaban a la taba, una actividad que para nosotros parecía de otro planeta más que de otro tiempo. En uno de los costados de la casa, por dónde también se entraban los autos, se reunían a jugar y mientras revoleaban la taba no paraban de hacer chistes y reirse.

La comida de esa noche era Empanadas de carne.

empanadas de carneEl relleno o “Pino” .

Ingredientes:

*Carne picada (las cantidades pueden variar de acuerdo al número de comensales, pero la fórmula correcta es la misma cantidad de carne que de cebolla). Morrón, huevos duros, aceitunas, pasas de uvas que la mayoría de los niños dejábamos a un costado. Condimentos: sal (obvio), pimienta, ají molido, pimentón dulce y un poquitito de comino, cuyo perfume recordaba olores no tan agradables.

Calentar una cacerola con aceite en el que se ponen la cebolla y el morrón picados,condimentar con sal y una vez que la cebolla empieza a transparentarse, agregar la carne. Revolver mezclando los ingredientes y tapar la olla para que comiencen a largar sus jugos.

Receta de Huevos Duros:

A parte hervir huevos. Acá me detengo porque, según mi abuela, el tiempo de cocción de los huevos equivalía a la cantidad de padres nuestros que iba rezando a medida que se cocinaban. Las mujeres de antes, como las actuales, podían hacer más de una cosa a la vez; ahora hablamos por teléfono o miramos la novela, antes rezaban!!. Una vez transcurrido ese tiempo, debo aclarar que no me acuerdo cuántos padres nuestros eran, pelar y picar los huevos. Reservarlos

Como mi abuela usaba ollas de aluminio, la comida no se “pegaba”, pero igual siempre revolvía y una vez que la carne estaba cocida agregaba en resto de los condimentos.  El pimentón dulce lo disolvía en un pocillo con agua hirviendo.

Por último poner las aceitunas picadas, los huevos y las pasas.

Para las tapas:

*1 Kg de Harina

*2 huevos

*1/4 de grasa fundida

*Sal, agua

El procedimiento  es el mismo que para cualquier otra receta de masa, mezclar la harina con la sal, incorporar los ingredientes líquidos, en este caso primero los huevos, luego la grasa y por último el agua. Formar un bollo amasando para integrar y dejar descansar unos minutos sobre la mesada tapado con un repasador.

Estirar con un palote hasta obtener una capa delgada y cortar círculos.

Ahora sí! llamar a toda la familia y rellenar. El repulgue que se hace para cerrar las tapas, identificará a cada colaborador.

Cocinar en grasa bien caliente hasta que estén doraditas.

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Almuerzos bajo la parra

Como era verano siempre estábamos afuera, el calor era terrible y como no había “Pelopincho”, el vecino del fondo nos dejaba bañar en el tanque australiano que tenía en su terreno. Eso hasta que una tarde, mientras todos dormían la siesta, mi hermano y mi primo no tuvieron mejor idea que darse una vuelta por la quinta del fulano y llevarse una sandía.

El escándalo se recordó durante años! Le habían robado una sandía al vecino!; no sólo no pudimos bañarnos más en la gran pileta, sino que ese día la chancleta dejó más de un culo colorado. Y ahí se hacía presente mi abuela a fin de interceder ante los verdugos y hacer más leve la condena. Pobrecito! repetía sin parar.

Todo ocurría en la galería bajo la parra, mi abuelo Tico  se sentaba a la mesa cuando el reloj daba las 12  esperando el momento de comer . El tiempo que pasaba hasta que se servía la comida no era mucho, pero el dedo del abuelo golpeando la mesa iba marcando segundo a segundo la tensa espera. No decía nada pero todos sabíamos que estaba ansioso por comer.

Mientras las mamás ponían la mesa se oía a  alguien a gritar que era la hora de comer y empezaban a buscar a los chicos que, quién sabe por dónde andarían; una vez “encontrados” debíamos lavarnos las manos y la cara en la bomba de agua, mientras uno empujaba la gran manija otro metía la cabeza debajo del chorro helado. El agua fresca de esa bomba era casi tan rica como una coca cola.

La mesa larga en el patio, estaba servida.

Receta de guiso carrero

Calentar el aceite en una cacerola grande y sellar la carne, agregar la cebolla y el ají con un poco de sal para que empiecen a largar el juguito. Rehogar.

Incorporar   las verduras cortadas en cubitos, en el siguiente orden: primero el zapallo y la zanahoria,al ratito las papas y los tomates, ir agregando caldo a medida que se ponen las verduras. Y por último los fideos y el choclo cortado en rodajas

Condimentar. Dejar cocinar hasta que los fideos estén cocidos, si se deshace la carne como en hebras es más rico.

Se acompaña con queso rallado y pan crocantito. En invierno un lujo!

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Fishoas – Crepes – Panqueques

Agradezco a Fabian que envio un imperdible relato sobre “los panqueques de su abuela”….

panqueques - crepesMi abuela era la incorrección personificada. Se dice que de niña fue obrera en una fábrica de zapatillas y luego se casó, así que no trabajó más. No sabía leer ni escribir. Su ambiente era Banfield, Avellaneda y poco más. Todo lo que conocía del mundo era a través de relatos orales o de la radio. Temía tanto a las revoluciones como a las noticias policiales. En una época políticamente agitada, ante cada amague de golpe de estado que relataba el noticiero de radio El Mundo, mi abuela me decía “¡Fabián, andá a comprar fideos, aceite y papel higiénico!”. Puteaba y carajeaba lindo contra los violadores de improbables lugares como La Matanza o San Isidro. “Hay que agarrarlos y cortarle las pelotas y después matarlos a palos” aconsejaba a los gritos, indignada. Amenizaba las tardes con un vaso de vino uvita para ella y otro para el nieto en edad escolar, visto como estaba lo bueno que era el vino tinto para que el pibe crezca fuerte y sanito. Y mientras nos bajábamos el tinto, y algún que otro cigarro, mi abuela me cocinaba unas fishoas (que bien pronuciado sería “frishoas” en Galicia, “crépes” en Francia y “panqueques” en Latinoamérica post-Kennedy). Había que comerlas con dulce de eche o, mejor aún, rellenas con azúcar (¡no mucha porque te va a picar el culo, Fabián!) y un chorro de limón recién sacado del árbol del fondo.
“Fishoas” (frishoas o panqueques) de Toita

En una sartén se derrite la manteca. En un bowl se tiran los huevos (sin cáscara, Fabián!) y se baten un poco con la mitad de la leche hasta que se homogenicen nomás, sin exagerar. Luego se tira la manteca derretida, la cual formará bellísimos grumos dorados. Se agrega el azúcar y la sal, y mientras se mezcla, se va tirando harina mientras se mezcla la preparación hasta una consistencia interesante, ponele “punto letra”. Allí se empieza a agregar un chorro de leche y un poco de harina alternadamente hasta agotar stock, es decir, la leche. El punto ideal de consistencia se prueba así: sumergiendo el cucharón en la masa y retirándolo dado vuelta. La masa debe quedar chorreando del cucharón, pero cubriendo con una película homogénea toda la superficie externa del mismo. Entonces sí viene lo lindo. Se pone la sartén al fuego medio de la hornalla y se la unta con la manteca sobrante, agarrándola del envoltorio. Lo lindo es salpicar de manteca prendida fuego la hornalla y mejor aún lograr una densa llamarada que chamusque el flequillo del niño. Luego se arroja la masa que cabe en un tercio de cucharón, ponele. Con un diestro movimiento de la muñeca se tuerce la precaria horizontalidad de la sartén hasta que la masa se desparrama. Se deja un minuto o menos hasta que ante la sacudida sísmica del sartén, la masa se despega y baila solita. Ahí se opta por la espátula o la revoleada, pero lo cierto es que hay que dar vuelta al panqueque para que se cocine del otro lado. Cuando se retira del fuego, ya se puede comer. Se le hecha azúcar en el medio, un chorro de limón y se enrolla. Se come echando vapor por la boca, puteando y aligerando la quemazón con un trago de vino berreta o por lo menos, un gamba di pernice Florio.

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Remedios caseros

Durante los quince días de vacaciones que pasábamos con mis abuelos,remedios caserosdescubríamos un montón de cosas que, por ser niños de ciudad, nos parecían mágicas.  Lavarse la cabeza con el agua de lluvia que mi abuela juntaba en un tacho de material que había en el patio, era una de ellas; antes del la existencia del “toque final”, yo sabía cómo el pelo podía quedar más suave y brillante.

Cuando nos picaba una abeja había que hacer pis en la tierra y pasarse el barro mojado con orina sobre la picadura!!! y cuando teníamos tos… el “unto sin sal” que no era otra cosa que grasa de gallina o cerdo desparramada sobre el pecho del enfermo. Otra que Vickvaporou!

Nunca tuve la oportunidad de presenciar curaciones con ventosas, pero se que mi abuela las usaba y guardo de recuerdo los frasquitos de vidrio con los que las hacía.

Cuando teníamos fiebre, seguro que estábamos insolados, entonce nos cubría la cabeza con una toalla y daba vuelta  un vaso lleno de agua, si salían burbujas se confirmaba el diagnóstico. Este procedimiento debía realizarse durante tres días consecutivos y “santo remedio”

Las vitaminas, de esto mis primas flacuchas saben bastante, eran reemplazadas por huevos batidos con azúcar y oporto, también conocido como sabayón. Muy rico!

Receta de sabayón

*3 yemas de  huevos

*3cucharadas de azúcar

*un chorro de oporto o cualquier otra bebida espirituosa.

Colocar en un recipiente las yemas de huevo junto con el azúcar y batir fuerte hasta que estén esponjosas. Agregar el oporto y cocinar a baño maría sin dejar de revolver hasta que empiece a espesar. No tiene que hervir

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