Almuerzos bajo la parra

Como era verano siempre estábamos afuera, el calor era terrible y como no había “Pelopincho”, el vecino del fondo nos dejaba bañar en el tanque australiano que tenía en su terreno. Eso hasta que una tarde, mientras todos dormían la siesta, mi hermano y mi primo no tuvieron mejor idea que darse una vuelta por la quinta del fulano y llevarse una sandía.

El escándalo se recordó durante años! Le habían robado una sandía al vecino!; no sólo no pudimos bañarnos más en la gran pileta, sino que ese día la chancleta dejó más de un culo colorado. Y ahí se hacía presente mi abuela a fin de interceder ante los verdugos y hacer más leve la condena. Pobrecito! repetía sin parar.

Todo ocurría en la galería bajo la parra, mi abuelo Tico  se sentaba a la mesa cuando el reloj daba las 12  esperando el momento de comer . El tiempo que pasaba hasta que se servía la comida no era mucho, pero el dedo del abuelo golpeando la mesa iba marcando segundo a segundo la tensa espera. No decía nada pero todos sabíamos que estaba ansioso por comer.

Mientras las mamás ponían la mesa se oía a  alguien a gritar que era la hora de comer y empezaban a buscar a los chicos que, quién sabe por dónde andarían; una vez “encontrados” debíamos lavarnos las manos y la cara en la bomba de agua, mientras uno empujaba la gran manija otro metía la cabeza debajo del chorro helado. El agua fresca de esa bomba era casi tan rica como una coca cola.

La mesa larga en el patio, estaba servida.

Receta de guiso carrero

Calentar el aceite en una cacerola grande y sellar la carne, agregar la cebolla y el ají con un poco de sal para que empiecen a largar el juguito. Rehogar.

Incorporar   las verduras cortadas en cubitos, en el siguiente orden: primero el zapallo y la zanahoria,al ratito las papas y los tomates, ir agregando caldo a medida que se ponen las verduras. Y por último los fideos y el choclo cortado en rodajas

Condimentar. Dejar cocinar hasta que los fideos estén cocidos, si se deshace la carne como en hebras es más rico.

Se acompaña con queso rallado y pan crocantito. En invierno un lujo!

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Comentarios

El jedi cultiva sandías.
De algo hay que vivir.
Ladran los perros. Por la ventana alcanza a ver a los tres niños que huyen saltando el alambrado.
Se mueven torpemente, cargados como van… llevan una sandía cada uno.
El Jedi sonríe. Lo están robando.
Prepara su infusión diaria de traoginia quimérica y se echa a contemplar la puesta de soles.
Al día siguiente, agarra una sandía de su campo, la que mejor luce.
La envuelve en un paño de seda verde y se va caminando hasta la humilde casa de los niños ladrones.
Allí sale a recibirlo el padre.
Traigo un regalo para sus hijos – dice el Jedi
Los niños salen temerosos de la tapera.
El jedi se acerca al mayor y le obsequia el hermoso paquete.
El niño, por un segundo, naufraga en la confusión. Se ruboriza. Su mirada brillante resplandece como el fuego termonuclear de mil soles del centro galáctico. Luego baja la vista y agradece en voz baja.
El Jedi se despide, da media vuelta y regresa al campo. El niño lo contempla aliviado.
Pero la sonrisa del jedi muestra un vestigio de divertida malicia: acaba de atrapar un futuro aprendiz.

delicia de comida. guiso tropero o carrero, guiso creado para el largo camino y con lo que habia o se habia salvao.
Los habia con tocino, con chorizos, con charque, pero los habia con hambre, siempre..Lo que me gusto es l anecdota de
la sandia, me recuerda a mi infancia alla en las colonias de Entre Rios, salvo que en vez de sandias estaban las quintas de citricos y alguna vez la aventuira.. fue escapar del trabuco naranjero con esossssss granito e sal, que al rojo vivo se te pegaban en las nalgas y habia que llegar al primer taller para encontrar grasa e carro, eh? Algunos pasamos por esa, jaja. Buen provecho

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