Tarta pascualina
Se vienen las Pascuas y en la casa de mis abuelos, como en la de casi todos, no se comía carne, por eso aquí va una receta enviada por Vivi:
Nos cuenta Vivi:
Mis abuelos se conocían del barrio y se casaron muy jóvenes. Decía mi abuela que por entonces no sabía cocinar. Difícil de creer pero lógico ya que de soltera vivía con su madre y sus abuelos maternos quienes establecieron una suerte de sistema de postas en la cocina familiar.
Tras el casorio, y casi a modo de luna de miel, sobrevino el traslado de mi abuelo a la ciudad de Santa Fe donde establecieron su hogar y nacieron sus cuatro hijas.
A poco de instalarse, una tarde mi abuelo volvió del trabajo y encontró a mi abuela llorando desconsoladamente. Era que extrañaba la pascualina que preparaba su madre. La consoló como pudo y luego improvisó una cena.
Al día siguiente, mi abuelo pasó por una panadería y volvió a su casa con una tarta pascualina envuelta, con moño y todo. Pero mi abuela prorrumpió nuevamente en llanto: ¡cómo iba a hacer para comer una pascualina redonda!
Con el tiempo, mi abuela tuvo que aprender el arte culinario. Lo cierto es que del horno de mis abuelos jamás salió una pascualina que no fuera rectangular. Es el día de hoy que sus hijas siguen preparándola de ese modo.
La masa es casera
Se prepara con harina, sal, aceite de oliva y un poco de agua. Las cantidades se calculan en función de la cantidad de relleno que se obtenga. No lleva huevo. Se estira hasta que sea bien finita y, al armar la tarta, se vuelcan los excedentes de los laterales sobre el centro de la preparación. A la salida del horno, se ven como hojas encimadas doradas y crujientes. El piso y los laterales, en cambio, traslucen el relleno de acelga –jamás de espinaca-.
Para el relleno
Mi abuela primero picaba las pencas de la acelga previamente cocida y exprimida (para quitar los excedentes de agua). Luego hacía lo propio con las hojas. Mezclaba todo con cebolla rehogada en aceite de oliva, sal, pimienta, queso rallado a mano y un chorro de oliva.
Nunca nada más sencillo y delicioso que la pascualina que hacía mi abuela. Aún cuando, a diferencia de lo que ocurre en rotiserías, panaderías y restaurantes, ella no le ponía al relleno ni salsa blanca, ni jamón, ni aceitunas, ni morrón. Acelga, cebolla, sal, pimienta, queso rallado y aceite de oliva. Prueben.
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